
Si mi primer problema a la hora de crear este blog era, sin duda, el contenido del primer post porque marcaría inevitablemente el camino a seguir por el resto, blogspot me ha ahorrado de un plumazo mis dudas en el momento en que me ha obligado a encasillarme dentro de una nacionalidad, en este caso la española, para acceder al servicio. Podría haber optado por declararme súbdito de alguna república bananera que ni siquiera sabría situar en el mapa y cuya cultura y tradiciones me serían aún más ajenas que los toros o las sevillanas, pero finalmente opté por aceptar que para bien y para mal soy eghpañol o al menos eso dice mi DNI, y eso importa mucho más que lo que yo mismo pueda pensar o desear. Este primer incidente diplomático con blogspot me da pie para expresar mi opinión sobre un asunto difícil como la unidad de la “nación”, siempre de actualidad en el estado español.
Como ya he dejado más o menos claro, no reboso españolismo por los poros y lo más parecido al sentimiento patrio que conozco son los partidos de la selección española de Futbol, admitiendo que finalmente siento más vergüenza por mi incoherencia política manifiesta que orgullo o pena por la victoria o derrota del equipo “nacional”. Ya lo decían los Lendakaris Muertos, !!! Gora España ¡¡¡
No se ha esmerado el estado español para que me sienta un feliz ciudadano patrio de los que todavía creen que el descubrimiento de América fue algo más que un genocidio, de los que aún creen que la unidad de la “nación” se forjó con buenas palabras y tratados pacíficos. Si algo destaca en la identidad española es la chapuza, la fontanería nunca ha sido nuestro fuerte y todo parece indicar que los tiempos del pegamento rápido como medida de urgencia han llegado a su fin. Hay que renovar el baño y esta vez hay que hacerlo bien, sin chapuzas y hablando con todos los inquilinos.
En este país polarizado quien no se siente ultraespañol tiene que ser por fuerza nacionalista, si además eres del norte, blanco y en botella. En mi caso, el nacionalismo astur nunca me ha calado hondo, una formación ideológica libertaria, apátrida e internacionalista me mantiene alejado de todo tipo de utopías “nacionales” que nos lleven a encerrarnos aún más en nosotros mismos. Ni siquiera se puede hablar en nuestro caso de una tradición histórica secesionista por mucho que algunos intenten buscar un pasado glorioso en el desván del vecino, el mestizaje histórico (castellanos, gallegos, andaluces, extremeños...) hace aún más difícil creer en este proyecto de país y en su identidad “nacional”. La solución libertaria, la abolición total de las fronteras y los estados para dar paso a la libre circulación de las personas continúa pareciéndome un bonito ideal con escasas posibilidades de ser llevado a la práctica en esta sociedad de clases desclasadas. Como casi todas las soluciones del anarquismo tradicional choca de frente con la realidad social y se evapora en su simplismo.
Así las cosas, sin remedios milagrosos, accedo a una conclusión política que hace unos años me hubiese parecido inaceptable por su escasa radicalidad. El derecho de autodeterminación, la capacidad de los pueblos para elegir como quieren gobernarse (o ser gobernados) o incluso para elegir el desgobierno, su derecho a organizarse económica y políticamente como ellos mismos resuelvan, es por su negación una exigencia revolucionaria. De la consecución de este derecho por parte de los ciudadanos del estado español depende íntegramente el futuro político de este País y de los diferentes pueblos que lo habitan. La autodeterminación es tan necesaria en Euskalherría como lo es en Madrid o en Asturias, no se limita al tan recurrente “España sí - España no” sino que es una reflexión mucho más profunda que designa directamente el modelo de sociedad en el que queremos vivir. Un ejemplo de democracia sin precedentes en Eghpaña. Una utopía.
Como ya he dejado más o menos claro, no reboso españolismo por los poros y lo más parecido al sentimiento patrio que conozco son los partidos de la selección española de Futbol, admitiendo que finalmente siento más vergüenza por mi incoherencia política manifiesta que orgullo o pena por la victoria o derrota del equipo “nacional”. Ya lo decían los Lendakaris Muertos, !!! Gora España ¡¡¡
No se ha esmerado el estado español para que me sienta un feliz ciudadano patrio de los que todavía creen que el descubrimiento de América fue algo más que un genocidio, de los que aún creen que la unidad de la “nación” se forjó con buenas palabras y tratados pacíficos. Si algo destaca en la identidad española es la chapuza, la fontanería nunca ha sido nuestro fuerte y todo parece indicar que los tiempos del pegamento rápido como medida de urgencia han llegado a su fin. Hay que renovar el baño y esta vez hay que hacerlo bien, sin chapuzas y hablando con todos los inquilinos.
En este país polarizado quien no se siente ultraespañol tiene que ser por fuerza nacionalista, si además eres del norte, blanco y en botella. En mi caso, el nacionalismo astur nunca me ha calado hondo, una formación ideológica libertaria, apátrida e internacionalista me mantiene alejado de todo tipo de utopías “nacionales” que nos lleven a encerrarnos aún más en nosotros mismos. Ni siquiera se puede hablar en nuestro caso de una tradición histórica secesionista por mucho que algunos intenten buscar un pasado glorioso en el desván del vecino, el mestizaje histórico (castellanos, gallegos, andaluces, extremeños...) hace aún más difícil creer en este proyecto de país y en su identidad “nacional”. La solución libertaria, la abolición total de las fronteras y los estados para dar paso a la libre circulación de las personas continúa pareciéndome un bonito ideal con escasas posibilidades de ser llevado a la práctica en esta sociedad de clases desclasadas. Como casi todas las soluciones del anarquismo tradicional choca de frente con la realidad social y se evapora en su simplismo.
Así las cosas, sin remedios milagrosos, accedo a una conclusión política que hace unos años me hubiese parecido inaceptable por su escasa radicalidad. El derecho de autodeterminación, la capacidad de los pueblos para elegir como quieren gobernarse (o ser gobernados) o incluso para elegir el desgobierno, su derecho a organizarse económica y políticamente como ellos mismos resuelvan, es por su negación una exigencia revolucionaria. De la consecución de este derecho por parte de los ciudadanos del estado español depende íntegramente el futuro político de este País y de los diferentes pueblos que lo habitan. La autodeterminación es tan necesaria en Euskalherría como lo es en Madrid o en Asturias, no se limita al tan recurrente “España sí - España no” sino que es una reflexión mucho más profunda que designa directamente el modelo de sociedad en el que queremos vivir. Un ejemplo de democracia sin precedentes en Eghpaña. Una utopía.
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