miércoles, 17 de febrero de 2010

TRISTURIAS (I) -Tristorias del gueto político astur-


“La base de una buena psicología no es tratar de descubrir por qué un pobre roba, sino por qué no lo hace”.
Wilhelm Reich.




La muerte, aún no aclarada, del joven gijonés David Blanco en la comisaría de la Policía Nacional de Gijón, y la posterior campaña de denuncia llevada a cabo por sus familiares, nos ha permitido vislumbrar la cara más oscura de la izquierda política asturiana. Una cara que, en nuestro particular mundo de color de rosa, preferimos ignorar para no enturbiar el buen rollito imperante.
Todos aquellos que formamos parte de eso que convenimos en llamar gueto conocemos, o deberíamos conocer, las extrañas circunstancias que rodean la muerte de este joven de 22 años en dependencias policiales. Sin embargo, después de más de un año de concentraciones y ofrendas florales frente a la comisaría, el izquierdismo, salvo contadas excepciones, sigue sin dar señales de vida.
Resulta triste pensar que ni siquiera un muerto ha conseguido aparcar la hipocresía y la doble moral a la que estamos peligrosamente acostumbrados en este mundillo. Parece que ya hemos perdido todo signo de humanidad, que ni la muerte es capaz de sacarnos de este círculo vicioso de intereses, amiguismos y traiciones que son el pan nuestro de cada día entre los habituales del gueto. Un espacio, aparentemente insumiso a las leyes del mercado, donde la solidaridad termina convertida en una mercancía más, regida por la ley de la oferta y la demanda.
El espectáculo ha sido deplorable, la desfachatez con la que algunos “pilares” del ambiente han pretendido lavarse las manos no debería quedar impune ante nuestros ojos. Podemos imaginar que hubiera pasado si el fallecido fuese un trabajador de Naval Gijón, o un pariente de algún militante conocido de la izquierda gijonesa, pero David no encaja en ninguna etiqueta digna de nuestra solidaridad: no era un inmigrante sin papeles, ni uno de los jóvenes antifascistas de Cangas, tampoco un independentista asturiano o un sindicalista de postín… David no formaba parte de nuestro gueto y sus padres no son ni más ni menos que humildes vendedores del rastro.
Además, en el momento de su detención, David estaba robando en una autoescuela, la excusa perfecta para que el militantismo mojigato le haya dado la espalda. Los obreros no roban, prefieren ser robados, lo consideran una vergüenza, una conducta propia del lumpen proletariado, el estrato social de David, y eso parece suficiente razón para que casi nadie pida cuentas a la Policía Nacional por lo ocurrido aquella noche del 26 de Diciembre de 2008. Nadie ha negado que David estuviese robando, no hace falta, cualquiera que conozca mínimamente el ambiente en el que se crió, se dará cuenta inmediatamente de que había nacido con un pie en la cárcel. Que nadie se crea mejor que él, todos somos, en gran medida, producto de nuestro origen social y David nació más cerca de los calabozos que de la facultad de ingenieros.
Que cada cual saque sus propias conclusiones, por mi parte siento indignación con aquellos que, desde el gueto, le han dado la espalda a la familia de David. Quizás, no sienta el desprecio que siento por los policías que le encerraron para morir en un calabozo, por el médico que le administró el metasedín sin ningún estudio previo y por los periodistas que, aún hoy, siguen afirmando que David murió por fumar cannabis, pero es que de todos estos no espero nada. Simplemente busco que estas líneas sirvan para desperezar algunas conciencias, para que en la próxima concentración haya más personas arropando a la familia, para que todos comprendamos que, si hoy no nos preocupamos por la muerte de David, mañana cualquiera de nosotros podría salir de la comisaría con los pies por delante.

"Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario."
Ernesto Guevara de la Serna

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